El año pasado se rompieron cantidades de parejas felices por culpa de un chat para smartphones, hasta que sus responsables en Twitter confirmaron que el “double check” no implicaba que el destinatario hubiese leído el mensaje. Y ya está. Todo arreglado. Y un jamón! El problema principal no es la incertidumbre que provoca que el otro haya leído o no tu mensaje. He elaborado una lista, a mi criterio, con los principales problemas de este chat infernal y, precisamente el “double check” está en el último puesto.
7- Pides por WhatsApp a tu pareja que compre pan, ves el “double check” y él no contesta. Tú crees que lo ha visto pero se hace el sueco y vuelve a casa sin el pan, lo que genera una pelea llena de “tusiempreigual”, “silohagoyoaverquienteaguanta” y “atumadrenoselohacesno”. En otro momento de la historia le hubieses llamado sin dar lugar a confusiones por 0,06 €/min, pero con WhatsApp te has jodido la tarde gratis!
6- Te deja sin batería. Tienes un móvil genial con mil aplicaciones, acceso (veloz) a internet, pantalla plana táctil con más pulgadas que tu TV…y WhatsApp. No te engañes, tu batería de litio está bien, serviría para reponer la de tu coche. El problema es que tienes constantes mensajes de tu último ligue, tu amiga contándote sus penas, el grupo “cena superfriends el viernes 20 a las 21:30 en el restaurante donde celebramos el cumple de Nadia y luego partyyyy” (hay quien no sabe ser conciso) y otra amiga hablándote en privado criticando la mala gestión de la organizadora del grupo para quedar a cenar. Acabas el día buscando una cabina telefónica por toda Barcelona para llamar a la grúa. No hay. En serio, no hay.
5- Sales con alguien a quien le preguntas si va a salir esa noche con la esperanza de que te proponga hacer algo con él. Te contesta que no, que se irá a la cama pronto porque mañana por la mañana trabaja y está cansado. Te pasas la noche vigilando sus conexiones a WhatsApp, tú “tampoco” sales pero te duermes a la mil controlando si está despierto o no. Compruebas que la última conexión es a las 4:35 a.m. La tragedia es inminente.
4- Él está conectado y no te habla. Te quedas con cara de tonta mirando su perfil “en línea” hasta que se desconecta y vuelta a empezar. Le odias. Cuando te escribe por fin, te haces la dura. Se enfada porque “hoy estás muy borde”. Fin.
3- Le diste tu número (si, el de verdad) a un tío que parecía majo, que parecía mono y que parecía que te gustaba. Pero no. No quieres contestarle porque es un pesado, su conversación no es, ni de muy lejos, interesante, abusa de los emoticonos y de los piropos fáciles y encima está constantemente “en línea”. Si lees su mensaje te verá conectada así que te ves obligada a decirle algo y no quieres.
Un apunte: una persona normal, mentalmente sana y madura te diría: le contestas que gracias por su interés, pero que ahora mismo no puedes hablar porque estás hasta arriba de trabajo.
Seguimos en nuestra línea, puesto que lo anterior no lo vas a hacer. Esperas un tiempo prudencial (2 horas), haciendo esperar tu respuesta a tu a miga en crisis, el grupo de la cena del viernes, la amiga inconforme con la cena y el ligue. Cuando te conectas, trabajas a contrarreloj, las manos te tiemblan por la ansiedad pero al final lo haces, si, le bloqueas.
2- Estando en pareja, tienes la peligrosísima tendencia a no borrar las conversaciones de infidelidades (aunque sean de palabra, sin obra y de omisión) como trofeo, supongo. Antes de este odioso invento, un flirteo tonto en una disco era inofensivo e incluso divertido. Con WhatsApp es cavar tu propia tumba. Te despistas de tu móvil un momento y zas! Tu chico te pregunta: quien es Ramón GU? Evidentemente ha leído toda la conversación que no deja lugar a dobles interpretaciones gracias a los malditos emoticonos. La pelea resultante es cuanto menos épica, pero lo peor viene cuando no para de recordártelo en cada conversación/discusión, no confía nunca más en ti y se vuelve controlador, desconfiado y celoso. Fin de la relación.
1- Descubrir el mismo flirteo en el móvil de tu chico. Fin de la relación.

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